viernes, 30 de marzo de 2007

PLANIFICACIÓN



Nos pasamos la vida planificando minuto a minuto cada aspecto de ella. Lástima que siempre olvidemos lo más importante.

De pequeños, a todos nos han dicho alguna vez: ¡con la comida no se juega!, no tires la comida, ¡piensa en los niños pobres que no tienen qué comer! y un largo etcétera que nos repetían sin parar para intentar educarnos. Pero por aquel entonces ya pensábamos que el pan que no tirábamos a la basura, no iba a ir a parar a ningún niño africano de una aldea a miles de kilómetros de nuestra casa. La demostración de que la idea sigue sin calar en nosotros se resume en los resultados de un reciente estudio: el 40% de las familias tira comida a la basura por no planificar sus compras.

En general, pasamos más tiempo planificando nuestra vida que viviendo. Sin embargo, no somos capaces de pararnos a pensar un solo segundo en la comida que vamos a necesitar la próxima semana: puedo pagarla, me gusta comprar lo que me entra por los ojos y la comida que deje de consumir no va a viajar hasta África para alimentar a los más necesitados. Si nuestra justificación para desaprovechar la comida ya era pobre cuando teníamos 5 años, ahora, además de no sostenerse, deja en entredicho nuestra categoría moral.

El objetivo de este estudio era optimizar la economía familiar, sin embargo, el nuestro como personas debe ser conseguir una sociedad más justa y solidaria. Mientras haya gente en nuestras calles que busque la fruta que tiramos en nuestros contenedores y países donde pueden alimentarse familias enteras con los caprichos que no necesitamos, deberíamos madurar al fin y preocuparnos de lo que vamos a poder comer...y de que el resto del mundo pueda comer.


Charles Evans

miércoles, 28 de marzo de 2007

ACERCA DEL PECADO

(fuente: www.pastoralsj.org)

¿Quién no ha metido la pata hasta el fondo alguna vez? Con uno mismo, con sus seres queridos, hasta con Dios… y sin que haya mucha excusa ni explicación. ¿Qué hacer ante ello? Hay mucha gente que “lo soluciona” por su cuenta con Dios. Hay otra mucha que, como insistimos tanto en que Dios nos perdona todo ha perdido la capacidad de percibir el mal causado… Hay quien lo identifica únicamente con incumplir normas, y quien cree que llamamos pecado a cosas que no lo son. A veces hay que detenerse y pensar en aquello que, en nuestras vidas, supone una barrera en la relación con Dios, con nuestro mundo, con sus gentes o incluso con nosotros mismos. Aquello con lo que destruimos el sueño de Dios para nosotros.

1. Lo que hacemos

Decimos que pecamos “de pensamiento, palabra, obra…” Y es verdad, algunas veces lo que pensamos, decimos o hacemos está mal.
Hacemos daño a otros. (O se lo haríamos si supiesen…) Generamos dinámicas hirientes, con juicios a veces acerados e injustos (de pensamiento), con críticas mordaces (de palabra), negándonos a darles una oportunidad (de obra). Pecamos al convertirnos en el centro de nuestra vida, como que todo girase en torno a cada uno de nosotros (¿No hay alguna vez que mis sentimientos se vuelven el único grito que oigo, mis deseos la única motivación y mis necesidades el único horizonte?)

Pecamos cuando actuamos sin tener en cuenta la dignidad básica de los otros, sin darles una oportunidad, a veces machacándolos (novios, novias, amigos, familia, otros un poco más lejanos…)


2. Lo que dejamos de hacer


Tal vez en muchos casos no es tanto el acento en el tipo de vida que llevamos.

Es fácil encontrarse con gente que, con honestidad te dice que no siente que haga cosas muy malas… y puede ser que sea así.

Pero es importante pensar no sólo en lo que hacemos, sino en lo que dejamos sin hacer.

Si, por miedo o por indiferencia, desaprovechamos la vida. Si, por comodidad, no somos capaces de dar aquellos pasos que sentimos que tendríamos que dar. Si, por egoísmo dejamos de tender una mano, decir una palabra que nos pueda implicar, abrazar una situación complicada… entonces tal vez esté ahí nuestro pecado.


¿Qué supone para ti pensar en el pecado?
¿Te sirve sólo para lamerte las heridas, o te abre a Dios?

Intenta dedicar un poco de tiempo, con calma, a pensar en todas esas cosas (personas), proyectos, para los que nunca pareces encontrar el momento…

domingo, 25 de marzo de 2007

ECHARLE UNA MANO A DIOS

(Jose Luis Martín Descalzo)


En una obra del escritor brasileño Pedro Bloch encuentro un diálogo con un niño que me deja literalmente conmovido.

— ¿Rezas a Dios? —pregunta Bloch.

— Sí, cada noche —contesta el pequeño.

— ¿Y que le pides?

— Nada. Le pregunto si puedo ayudarle en algo.

Y ahora soy yo quien me pregunto a mí mismo qué sentirá Dios al oír a este chiquillo que no va a Él, como la mayoría de los mayores, pidiéndole dinero, salud, amor o abrumándole de quejas, de protestas por lo mal que marcha el mundo, y que, en cambio, lo que hace es simplemente ofrecerse a echarle una mano, si es que la necesita para algo.

A lo mejor alguien hasta piensa que la cosa teológicamente no es muy correcta. Porque, ¿qué va a necesitar Dios, el Omnipotente? Y, en todo caso, ¿qué puede tener que dar este niño que, para darle algo a Dios, precisaría ser mayor que El?

Y, sin embargo, qué profunda es la intuición del chaval. Porque lo mejor de Dios no es que sea omnipotente, sino que no lo sea demasiado y que El haya querido «necesitar» de los hombres. Dios es lo suficientemente listo para saber mejor que nadie que la omnipotencia se admira, se respeta, se venera, crea asombro, admiración, sumisión. Pero que sólo la debilidad, la proximidad crea amor. Por eso, ya desde el día de la Creación, El, que nada necesita de nadie, quiso contar con la colaboración del hombre para casi todo. Y empezó por dejar en nuestras manos el completar la obra de la Creación y todo cuanto en la tierra sucedería.

Por eso es tan desconcertante ver que la mayoría de los humanos, en vez de felicitarse por la suerte de poder colaborar en la obra de Dios, se pasan la vida mirando hacia el cielo para pedirle que venga a resolver personalmente lo que era tarea nuestra mejorar y arreglar.

Yo entiendo, claro, la oración de súplica: el hombre es tan menesteroso que es muy comprensible que se vuelva a Dios tendiéndole la mano como un mendigo. Pero me parece a mi que, si la mayoría de las veces que los creyentes rezan lo hicieran no para pedir cosas para ellos, sino para echarle una mano a Dios en el arreglo de los problemas de este mundo, tendríamos ya una tierra mucho más habitable.

Con la Iglesia ocurre tres cuartos de lo mismo. No hay cristiano que una vez al día no se queje de las cosas que hace o deja de hacer la Iglesia, entendiendo por «Iglesia» el Papa y los obispos. «Si ellos vendieran las riquezas del Vaticano, ya no habría hambre en el mundo». «Si los obispos fueran más accesibles y los curas predicasen mejor, tendríamos una Iglesia fascinante». Pero ¿cuántos se vuelven a la Iglesia para echarle una mano?

En la «Antología del disparate» hay un chaval que dice que «la fe es lo que Dios nos da para que podamos entender a los curas». Pero, bromas aparte, la fe es lo que Dios nos da para que luchemos por ella, no para adormecernos, sino para acicateamos.

«Dios —ha escrito Bernardino M. Hernando— comparte con nosotros su grandeza y nuestras debilidades». El coge nuestras debilidades y nos da su grandeza, la maravilla de poder ser creadores como El. Y por eso es tan apasionante esta cosa de ser hombre y de construir la tierra.

Por eso me desconcierta a mi tanto cuando se sitúa a los cristianos siempre entre los conservadores, los durmientes, los atados al pasado pasadísimo. Cuando en rigor debíamos ser «los esperantes, los caminantes». Theillard de Chardín decía que en la humanidad había dos alas y que él estaba convencido de que «cristianismo se halla esencialmente con el ala esperante de la humanidad», ya que él identificaba siempre lo cristiano con lo creativo, lo progresivo, lo esperanzado.

Claro que habría que empezar por definir qué es lo progresivo y qué lo que se camufla tras la palabra «progreso». También los cangrejos creen que caminan cuando marchan hacia atrás.

De todos modos hay cosas bastante claras: es progresivo todo lo que va hacia un mayor amor, una mayor justicia, una mayor libertad. Es progresivo todo lo que va en la misma dirección en la que Dios creó el mundo. Y desgraciadamente no todos los avances de nuestro tiempo van precisamente en esa dirección.

Pero también es muy claro que la solución no es llorar o volverse a Dios mendigándole que venga a arreglarnos el reloj que se nos ha atascado. Lo mejor será, como hacía el niño de Bloch, echarle una mano a Dios. Porque con su omnipotencia y nuestra debilidad juntas hay más que suficiente para arreglar el mundo.


Del libro "Razones para vivir".
Jose Luis Martin Descalzo

ACERCA DE LA GUERRA

En muchos telediarios la tercera o cuarta noticia suele tener estas palabras: atentado, barrio chií, insurgentes, gobierno provisional, ejercito estadounidense, suníes, suicida, muertos, coche-bomba, al qaeda, explosión, mercado, hospitales abarrotados, mosul, kerbala, radicales, kurdos, kirkuk, terroristas... Sin querer me voy acostumbrando, pero al menos ahora quiero recordar que cada vez que sale esto en los medios hay 30, 40 ó a veces más de cien personas que mueren en esta guerra tan terrible, en la que como siempre, quienes más sufren son los más débiles...

PASCUA EN HUELVA (PUEBLO DE DIOS)

PASCUA 2007

En Pueblo de Dios

“UNA SOLA TIERRA, UN SOLO CORAZÓN”

Hch.4, 32-35

En el principio, después de que Dios hubiese creado la tierra, cuando ya todo existía y era bueno; cuando la tierra era un vergel y aún no se había instaurado la caza furtiva, ni los monocultivos, ni la explotación infantil, ni la trata de blanca, ni siquiera el “y a mi qué de mi hermano”…, se podría decir que la tierra era un reino, “el reino”. Ese reino que estaba esperando la presencia del ser humano para poder adquirir la armonía que sólo da, la convivencia de todo lo creado.

Pero pasó lo que suele pasar con la rutina y las costumbres si uno no está atento, que el hombre le fue perdiendo el sentido a las cosas y empezó a desarrollar su ser práctico…

...en la actualidad podríamos decir que ese ser práctico ha llegado a su culmen. Y podríamos decir, que la humanidad ahora mismo, no es más que la suma de muchas generaciones prácticas. Y que la tierra, ese vergel del principio sigue esperando al hombre y a la armonía.

Pero ella ya no es la del principio, ella está desgastada, desencantada y sin fuerzas… y aún así sigue esperando, espera ver a los hombres y mujeres sintiéndose esa única humanidad que descubra que no podrá ser Reino hasta que no entre a convivir con todo lo creado desde el principio.

ESPÍRITU DE CADA DÍA

JUEVES: 1 mismo ALIMENTO Jn. 1/ Mt.7, 24-27/ 1Re. 19,5-8.

VIERNES: 1 mismo CUERPO Ag.1, 9/ Gn.9, 5

SABADO: 1 mismo VESTIDO Hch.2, 5-11

DÓNDE

En la tierra de Pueblo de Dios, a 7 kms de Niebla (Huelva) se convoca a la vivencia de la Pascua. La acogida y el comienzo de la pascua será el jueves 5 a las 16h.

¿QUIÉN CONVOCA?

La convocatoria la hace la historia de más de 40 años de Brotes de Olivo y la comunidad “Pueblo de Dios”.


A QUIÉN SE CONVOCA

Sabéis que desde hace años lo que se denominaba Pascua Joven ha ido convirtiéndose en una Pascua Familiar, donde familias enteras celebran el paso del Señor. No han dejado de venir jóvenes “por libre o desde grupos parroquiales o asociaciones”, pero creemos que es un don de Dios la existencia cada vez mayor de padres con sus hijos de distintas edades.


HACE FALTA LLEVAR ALGO


Sería importante llevar un saco de dormir, una tienda de campaña, una linterna y una Biblia.

Pero es vital traer el equipaje de la alegría, la capacidad para no salir de aquí como llego, la actitud de meterse dentro de uno mismo para contemplarse y ponerse a punto. A punto desde Dios y para Dios. Desde las necesidades de la iglesia y el mundo y a favor del mundo que sufre.

Como llegar a la Comunidad “Pueblo de Dios”

En bus o tren: Desde Sevilla tomar dirección Huelva (por los pueblos si es bus), y parar en NIEBLA. Una vez allí llamar por teléfono y os recogemos. 959.500699. Si quieres llegar andando, toma la carretera hacia Candón y a los 5 kms a la derecha hacia La Peñuela. En hora y cuarto estás en Pueblo.

En coche: Tomar la autopista desde Sevilla hacia Huelva y tomar la salida 60 (Niebla-Bonares), llegando a Niebla pasáis el pueblo y a la salida tomar a la derecha en dirección a Candón a unos 6 km os volvéis a desviar a la derecha hacia La Peñuela y tan sólo a 1 km encontráis una pista de tierra con un cartel de "Pueblo de Dios". Al final de la pista a otro km os esperamos.


21639 Candón. Huelva 959 500699 pueblodedios@todosuno.org

Comunidad “Pueblo de Dios” /Brotes de Olivo

jueves, 22 de marzo de 2007

CARTA ABIERTA A JON SOBRINO

Carta abierta a Jon Sobrino
Por Jose María R. Olaizola, SJ

(fuente: www.pastoralsj.org)

Querido Jon:
Gracias por poner palabras, a lo largo de las décadas, para expresar aquello que muchos necesitan que se diga.
Estoy seguro de que a lo largo de los años he tenido otras ocasiones para escribirte, y sin embargo nunca pareció urgente. Hasta ahora. La primera vez que te escuché era novicio jesuita, y acababan de asesinar a toda tu comunidad en El Salvador. Era una entrevista televisiva con Mercedes Milá, y en ella descubrí a un hombre bueno que hablaba desde el dolor, pero transmitía una fe profunda en el Dios de Jesucristo. Y me sentí orgulloso e ilusionado por tener compañeros así.

Con los años fui conociendo un poco más de ti. Un artículo, algunos libros, una reflexión… También los comentarios de compañeros que te conocían. Fui aprendiendo a intuir por detrás del nombre sonoro al teólogo, al jesuita, al cristiano, a la persona… que como todo hombre tiene sus luces y sus sombras, sus contradicciones, sus búsquedas y sus tropiezos, sus relaciones fáciles y difíciles.

Pero no pretendo hablar mucho de ti, ni glosar tu trayectoria intelectual o vital. Es imposible hacerlo en unos párrafos, y no te conozco tanto. Estoy seguro de que hay quien podría hablar con más hondura y autoridad. Lo que quiero hacer, en este momento, es comentarte tres sensaciones al hilo de la polémica de estas semanas, con motivo de la condena de algunos puntos de dos de tus libros.

Jon, lo primero que quiero decirte es: “Gracias”. Gracias por pensar y buscar, por formular el evangelio de un modo que hoy es acicate y propuesta. Por atreverte a bucear en los terrenos de lo que no es fácil, aun a sabiendas de que en ciertas alturas un exceso de prevención lleva a poner sordina a todo lo que pueda salirse de un guión excesivamente seguro. Gracias por no renunciar a pensar. Gracias por poner palabras, a lo largo de las décadas, para expresar aquello que muchos necesitan que se diga. Por hablar en nombre de los más silenciados, de los pobres, los excluidos de las mesas bien provistas. Testimonios como el tuyo impiden que nos durmamos en burbujas de bienestar aparente, y nos recuerdan que el Sermón de la Montaña sigue gritándose hoy en montes y llanos, en hondonadas y colinas, allá donde los bienaventurados siguen esperando que se derrame sobre ellos la bendición prometida, la justicia.

Lo segundo, aunque te parecerá extraño, es un cierto alivio. En la prensa se especuló con una condena tajante, de ti y de toda tu obra. Cuando se ha clarificado la notificación, que se centra únicamente en aspectos concretos de dos de tus libros, he respirado, pues la rumorología hacía creer que ibas directo a la hoguera. Y aunque dicha notificación sigue siendo motivo de pesar, al menos podemos entrar en el terreno del matiz, algo que siempre es importante. Sólo la ignorancia, o la mala intención, pueden querer leer en esa nota una condena a tu persona o a toda tu teología

La tercera sensación es más difusa, pero muy real. Siento dolor porque a veces creo que en nuestra Iglesia estamos equivocando el camino y los modos. Porque me inquietan estas formas de silenciar la diferencia, cuando siempre la ha habido. Siento dolor porque a veces me parece que en esta Iglesia se está imponiendo una uniformidad que no solo no es normal, sino que es impensable en una institución viva, donde lo que tiene que haber es tensiones, fuerzas contrapuestas, diálogos fecundos… y es en medio de esas tensiones, fuerzas y diálogos donde crece imparable la verdadera comunión, esa que nace del evangelio.

Y al hilo de esto, lo me asalta es la duda sobre cómo responder cuando algunas cuestiones son al tiempo polémicas y urgentes. ¿Hay que callar? ¿Hay que alzar la voz? ¿Cuál es la verdadera fidelidad en y a la Iglesia? ¿la que acata o la que habla? ¿la que teme o la que ama? ¿No estamos callando demasiado?

Nos sentimos parte de una Iglesia común, santa y pecadora, humana en su fortaleza y su fragilidad. Pero hoy, desde una cierta tristeza, solo sé mandarte un fuerte abrazo. Y creo que es poco.


Leer el Texto íntegro de la notificación de la Santa Sede sobre escritos del padre Jon Sobrino,
S.J.

PASTORAL

Inauguramos este apartado con el deseo de que sirva como lugar de reflexión, oración y encuentro con el Señor. La idea es que respetemos este espacio como espacio donde comentar todo lo relacionado con actividades de Pascuas, Ejercicios, Convivencias,...y donde intentaremos colgar algún texto que pueda servir para la reflexión. Esperamos que con la ayuda de todos logremos sacar adelante este espacio. Un fuerte abrazo