lunes, 18 de junio de 2007

Reflexiones clave del Diario Espiritual de San Ignacio De Loyola

- Dios me ama más que yo a mí mismo.
- ¡Siguiéndoos, Jesús, no me puedo perder!
- Dios proveerá lo que le parezca mejor.
- ¡Señor, soy un niño! ¿A dónde me lleváis?
- ¡Jesús, por nada del mundo te dejaría!
- ¿Qué queréis, Señor, de mí?
- ¡Señor, sostenedme con vuestra gracia!
- ¡No merezco, Señor, cuanto recibo!
- ¡Dadme, Señor, vuestro amor y gracia, éstas me bastan!
- Jesús, sé mi guía, condúceme.



sábado, 19 de mayo de 2007

Oración Taizé 19/5/07

Dios de todos los seres humanos, en un mundo que nos desconcierta con el incomprensible sufrimiento de los inocentes, ¿cómo ser testigos del Evangelio? Concédenos hacer perceptible, a través de nuestra vida, un reflejo de la compasión de Cristo.

Hermano Roger

sábado, 7 de abril de 2007

SALMO DE LA SOLIDARIDAD

Aquí estoy, metido en un mundo confuso y tenso.
Este mundo, Señor, de los hombres en que vivo.
Esta sociedad agitada y nerviosa, cansada y dura donde sólo viven y tienen derechos los fuertes.
Esta sociedad, Señor, llena de injusticias,
donde la ley del hampa es
la mentira hecha verdad.
donde la ley de la selva es
el látigo hecho poder,
donde la ley del amor se
ha hecho ley de violencia,
donde la ley se ha hecho norma a base de abuso.
Aquí estoy, Señor, queriendo ser libre en mi utopía, amurallado,
cercado, perseguido,
en callejón sin salida.

Quiero ser libre. Quiero vivir desde mis raíces;
ser yo mismo;
tener mi originalidad.
Quiero abrir y dar las manos a los hombres
a mi paso;
hacer de la amistad
la ley de mi vida;
hacer de la sencillez
el clima para
vivir en fraternidad
Quiero abrir camino
paso a paso
sin perder mi identidad.

No quiero quedarme solo. No quiero venderme
a nadie.
Yo creo, Señor Jesús,
en la utopía que
nos dejaste;
en la alternativa,
en el desafío de
la Comunidad.
Me resisto a vivir solo.
Yo busco, Señor,
la solidaridad.

No me gusta, Señor Jesús,
esta sociedad que
he recibido.
No acepto sus sistemas, ni sus estructuras
opresoras.
No quiero entrar en el juego de sus tentáculos.
Mi protesta, Señor, contra lo viejo, lo gastado.
Mi grito, Señor, es contra
la ley que esclaviza
al hombre.

Quiero cambiar mi vida.
Quiero fuerza interior para cambiar el mundo.
Quiero empeñarme, comprometerme en el mundo de los que sufren;
dejar de decir sólo palabras y mojarme
en hechos
Quiero vivir en mi carne el dolor de los hombres rotos;
'sobrevivir' con los que sobreviven apenas;
saber lo que es vivir con ritmo de muerte continua.
Quiero ser voz del hombre amordazado. Y manos del amarrado.
Quiero ser el grito de los hombres que mueren
en la noche.

Aquí estoy, Señor Jesús, con las manos abiertas
a la ayuda;
con el corazón cercano al
que sufre;
queriendo ser no violento.
Aquí estoy, Señor, para aprender que solo el amor cambia la vida;
para denunciar sin odios las injusticias;
para llevar esperanzas al
hombre pisoteado.

Señor Jesús, yo sé que tu vida se complicó
demasiado.
Yo sé que luchaste por la paz y la justicia y
la libertad;
que lo diste todo por el amor y la verdad;
que perdonaste y devolviste la dignidad humana a muchos hombres.
que viviste entre marginados y asumiste su vida.
Yo sé que proclamaste que Dios era Padre para ellos;
que llamaste a vivir en tu Reino a los hombres
de corazón roto;
que fuiste sincero, verdadero, transparente.
Yo sé que no te entendieron, que te quedaste solo.

Yo sé que te acorralaron los poderosos y te
condenaron;
que te metieron en la cárcel y te sentaron en
el banquillo;
que te clavaron en un madero como un maldito;
que te mataron para que las cosas siguiesen igual.
Yo sé que tu muerte fue un fracaso. ¡Un fracaso!

Pero yo sé que tú diste la vida con amor;
que tu vida, tu estilo de vida, no podía quedar
en el sepulcro;
que tu Padre,
Señor de la Historia,
te levantó, te puso en pie.
Yo sé que resucitaste.
Lo sé. Y creo en ti,
SEÑOR RESUCITADO.

viernes, 6 de abril de 2007

TARDE DE VIERNES SANTO

Tu vida se veía destruida,
pero tú alcanzabas la plenitud.
Aparecías clavado como un esclavo,
Pero llegabas a toda la libertad.
Habías sido reducido al silencio,
pero eras la palabra
más grande del amor.

La muerte exhibía su victoria,
pero la derrotabas para todos.
El reino parecía desangrarse contigo,
pero lo edificabas
con entrega absoluta.
Creían los jefes
que te habían quitado todo,
pero tú te entregabas
para la vida de todos.

Morías como un
abandonado por el Padre,
pero él te acogía
en un abrazo sin distancias.
Desaparecías
para siempre en el sepulcro,
pero estrenabas
una presencia universal.

¿No es sólo apariencia de fracaso
la muerte del que se entrega a tu designio?

¿No somos más radicalmente libres,
cuando nos abandonamos en tu proyecto?

¿No está más cerca nuestra plenitud,
cuando vamos siendo despojados en tu misterio?

¿No es la alegría tu última palabra,
en medio de las cruces de los justos?


Benjamín González Buelta

jueves, 5 de abril de 2007

ACTO DE ABANDONO AL PADRE


Padre, me pongo en tus manos.
Haz de mí lo que quieras.
Sea lo que sea, te doy las gracias.

Estoy dispuesto a todo.
Lo acepto todo,
con tal de que tu voluntad
se cumpla en mi
y en todas tus criaturas.
No deseo nada más Padre.

Te encomiendo mi alma,
te la entrego
con todo el amor de que soy capaz,

porque te amo y necesito darme,
ponerme en tus manos sin medida,
con infinita confianza,
porque tú eres mi Padre.

Charles de Foucauld

viernes, 30 de marzo de 2007

PLANIFICACIÓN



Nos pasamos la vida planificando minuto a minuto cada aspecto de ella. Lástima que siempre olvidemos lo más importante.

De pequeños, a todos nos han dicho alguna vez: ¡con la comida no se juega!, no tires la comida, ¡piensa en los niños pobres que no tienen qué comer! y un largo etcétera que nos repetían sin parar para intentar educarnos. Pero por aquel entonces ya pensábamos que el pan que no tirábamos a la basura, no iba a ir a parar a ningún niño africano de una aldea a miles de kilómetros de nuestra casa. La demostración de que la idea sigue sin calar en nosotros se resume en los resultados de un reciente estudio: el 40% de las familias tira comida a la basura por no planificar sus compras.

En general, pasamos más tiempo planificando nuestra vida que viviendo. Sin embargo, no somos capaces de pararnos a pensar un solo segundo en la comida que vamos a necesitar la próxima semana: puedo pagarla, me gusta comprar lo que me entra por los ojos y la comida que deje de consumir no va a viajar hasta África para alimentar a los más necesitados. Si nuestra justificación para desaprovechar la comida ya era pobre cuando teníamos 5 años, ahora, además de no sostenerse, deja en entredicho nuestra categoría moral.

El objetivo de este estudio era optimizar la economía familiar, sin embargo, el nuestro como personas debe ser conseguir una sociedad más justa y solidaria. Mientras haya gente en nuestras calles que busque la fruta que tiramos en nuestros contenedores y países donde pueden alimentarse familias enteras con los caprichos que no necesitamos, deberíamos madurar al fin y preocuparnos de lo que vamos a poder comer...y de que el resto del mundo pueda comer.


Charles Evans

miércoles, 28 de marzo de 2007

ACERCA DEL PECADO

(fuente: www.pastoralsj.org)

¿Quién no ha metido la pata hasta el fondo alguna vez? Con uno mismo, con sus seres queridos, hasta con Dios… y sin que haya mucha excusa ni explicación. ¿Qué hacer ante ello? Hay mucha gente que “lo soluciona” por su cuenta con Dios. Hay otra mucha que, como insistimos tanto en que Dios nos perdona todo ha perdido la capacidad de percibir el mal causado… Hay quien lo identifica únicamente con incumplir normas, y quien cree que llamamos pecado a cosas que no lo son. A veces hay que detenerse y pensar en aquello que, en nuestras vidas, supone una barrera en la relación con Dios, con nuestro mundo, con sus gentes o incluso con nosotros mismos. Aquello con lo que destruimos el sueño de Dios para nosotros.

1. Lo que hacemos

Decimos que pecamos “de pensamiento, palabra, obra…” Y es verdad, algunas veces lo que pensamos, decimos o hacemos está mal.
Hacemos daño a otros. (O se lo haríamos si supiesen…) Generamos dinámicas hirientes, con juicios a veces acerados e injustos (de pensamiento), con críticas mordaces (de palabra), negándonos a darles una oportunidad (de obra). Pecamos al convertirnos en el centro de nuestra vida, como que todo girase en torno a cada uno de nosotros (¿No hay alguna vez que mis sentimientos se vuelven el único grito que oigo, mis deseos la única motivación y mis necesidades el único horizonte?)

Pecamos cuando actuamos sin tener en cuenta la dignidad básica de los otros, sin darles una oportunidad, a veces machacándolos (novios, novias, amigos, familia, otros un poco más lejanos…)


2. Lo que dejamos de hacer


Tal vez en muchos casos no es tanto el acento en el tipo de vida que llevamos.

Es fácil encontrarse con gente que, con honestidad te dice que no siente que haga cosas muy malas… y puede ser que sea así.

Pero es importante pensar no sólo en lo que hacemos, sino en lo que dejamos sin hacer.

Si, por miedo o por indiferencia, desaprovechamos la vida. Si, por comodidad, no somos capaces de dar aquellos pasos que sentimos que tendríamos que dar. Si, por egoísmo dejamos de tender una mano, decir una palabra que nos pueda implicar, abrazar una situación complicada… entonces tal vez esté ahí nuestro pecado.


¿Qué supone para ti pensar en el pecado?
¿Te sirve sólo para lamerte las heridas, o te abre a Dios?

Intenta dedicar un poco de tiempo, con calma, a pensar en todas esas cosas (personas), proyectos, para los que nunca pareces encontrar el momento…